Llego del instituto y siempre me cruzo con el, le veo que siempre va subiendo por la escaleras tranquilamente, con la mirada hacia abajo, yo le digo con alegría un suave 'hola', pero el sigue subiendo las escaleras. No sé muy bien su historia, y a ser sinceros me pica la curiosidad de como puede ser. Su padre es drogadicto, nadie sabe como se metio en ese mundo, ni nadie sabe todabía si sigue en él, me preocupa como lo pudo pasar él, como eran las cosas cuando el era pequeño, si la casa estaba echa un desastre, si... Hay tantas cosas que me gustaría saber, saber que mi vida comparada con la de otra gente es un SUEÑO, no lo confundamos con pesadilla. De su mujer, su madre, nunca se supo nada de ella, o por lo menos que yo sepa.
Llego un día en el que me cruzo con el tras mucho tiempo pasado, tenía más canas, estaba más consumido, no podía más, subio conmigo en el ascensor, y aunque parezca grosero ese día no le dije hola, abrí la puerta pase, y el detrás mío, se puso mirando a una pared de el ascensor, yo ya había dado al botón de mi piso, pero el seguía mirando a la pared, le dije: -Perdón, ¿a que piso vas? -¡Ah si! Perdón, es que no te quiero enseñar mi cara, sabes, mi vida es un pequeño cigarro que se va quemando poco a poco, pero muy rápido, no te imaginas lo rápido que puede ir. Te despiertas un día y ves que tienes más arrugas, que te cuesta más hacer las cosas, más canas en el pelo, se te pone por arte de magia la barba blanca también... Y tan solo eso con 58 años, bueno, todo empezó con 34, cuando decidí probar algo que nunca debí de hacer, fue difícil, y lo sigue siendo salir de ahí. Voy al piso cuatro.
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